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1
AGO
2020

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Divina Providencia

Y de nuevo se cumplió el refrán” a la tercera la vencida”.
Nada más empezar a escalar veo que una de las cuerdas tiene una buena picada, la cuerda estaba nueva y es de muy buena calidad pero ha sufrido un desperfecto debido a algún filo o un cramponazo. Tapo la picada con esparadrapo para que no se abra más la funda de la cuerda y para que mi compañero no la vea. Me acompaña en este viaje el Madrileño Javi Guzmán, uno de los chicos del equipo Nacional de alpinismo que estaba bien motivado por intentar esta ruta.
El tema logístico lo tenía claro, que material llevar, los puntos de vivac, la aproximación y sobre todo como esquivar los riesgos objetivos que te puedes encontrar en el acceso. Reducimos el equipo al máximo pero aun con todo, las mochilas siempre parece que pesan demasiado. Los primeros 450 metros de pared los escalaríamos con la mochila a la espalda, aquí encontramos tramos de hasta 6b de dificultad y algún largo realmente descompuesto que nos hizo progresar con toda la cautela posible. En la parte más vertical del Pilar, que son unos 300 metros, el plan es que el primero escale con una cuerda de 9mm en simple (la que tiene la picada) y por la otra (7,5mm) izamos una mochila con la mayor parte del equipo mientras que el segundo de cordada escala con la otra mochila en la que ponemos cosas de bulto y poco peso, sacos de dormir y algo de ropa y comida.
El primer día salimos del refugio vivac de la Fourche (aquí se llega en 2,5 horas desde el Refugio de Monzino) bajo la luz de nuestras frontales con mucho viento; 3 horas más tarde estamos en la base del gigantesco Pilar del Angle de casi un kilómetros de altura. Los mayores peligros empiezan a quedar atrás pero comienza a nevar. Esta parte es algo tumbada y la roca se está mojando. Nos miramos sin decirnos nada y continuamos escalando confiando en que sea algo pasajero. Afortunadamente el parte meteorológico se cumple y se queda un buen día. Esta es sin lugar a dudas la vertiente más salvaje e inhóspita del Macizo del Mont Blanc, aquí la soledad está casi garantizada. A las 15:30h llegamos a la repisa idónea para vivaquear al pié de los largos más técnicos y verticales. La siguiente repisa para poder recostarse está 5 largos más arriba. Decidimos tomarnos un respiro y fundir algo de nieve para en un rato escalar los 2 siguientes largos y volver a la repisa de vivac; fijaremos las cuerdas en este tramo para facilitarnos el ascenso al día siguiente.
Las dudas y los miedos se disipan, aquí la roca es de extraordinaria calidad y solo nos concentramos en escalar; ahora sin la mochila a la espalda nos sentimos agiles. Volvemos al vivac y para las 19.00 de la tarde estamos recostados en nuestros sacos preparando la cena. A las 5 am estamos de nuevo en acción y para las 6.00 nos toca el sol, que maravilla a 4000 metros. La escalada es muy vertical y exigente pero disfrutamos cada metro. Javi va liberando todos los largos y eso le da alas a su ya gran motivación. Me toca el último largo de séptimo grado y salgo de la reunión motivado por intentarlo en libre; cuando ya he superado el gran techo que lo surca y decrecen las dificultades salgo por los aires sin esperarlo. Aparezco 8 metros más abajo sin saber que ha pasado, parece que un pie perdió adherencia y “zas”. Todo se queda en un pequeño susto y seguimos. Remontando la mochila en ese largo uno de los piolets sale por los aires, ¡Mierda! Me sale inconscientemente, nos vamos a acordar de él en la arista de Peterey.
Todavía nos quedan otros 250 metros de terreno mixto hasta la cumbre del Pilar, 4250m. Hoy ha hecho mucho calor y la nieve está en pésimas condiciones. Habíamos traído 3 piolets, 2 ligeros y uno técnico; hemos perdido uno de los ligeros. Analizando la situación decidimos hacer un segundo vivac antes de la vertiginosa arista para encontrar mejores condiciones de nieve de madrugada, apenas tenemos comida pero es lo más sensato. Instalados en nuestra atalaya vemos a una cordada pasar por la Aguja Blanca de Peterey. Son el resto de chicos del equipo que vienen de enlazar las cimas de la integral de Peterey pero por rutas más difíciles de las habituales, “La Super Integral”. Después de 3 días sin ver a nadie, los primeros que vemos son nuestros compañeros. Nos gritamos, “que subidón” el verlos. Para antes de las 9.00 de la mañana pasamos por cima del Mont Blanc envueltos en la nube y con rachas de 70km/hr. Llegar a la cima es como llegar a casa, encontramos una gran huella y gente. Una hora más tarde estamos en el refugio de Gouter tomando un café, ahora si podemos abrazarnos.
Escalar “Divina providencia” ha sido culminar un sueño que arrancó hace 17 años, cerrar esa pequeña herida que no terminaba de curar.

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